Escuchaba esta mañana en La Ser a Eduardo San Martín en Hoy por Hoy, afirmar rotundamente que “el culpable de la crisis no fue Lehman Brothers, sino las familias que se endeudaron por encima de sus posibilidades”, y no he podido evitar sentirme indignado.
El argumento -imagino- es que nadie obligó a esas familias a contratar una hipoteca que no iban a poder pagar. Un argumento discutible, y que en cualquier caso se puede aplicar al banco: Nadie obligó al banco a dar una hipoteca a quien no iba a pagarla.
El importe de la hipoteca es fruto del precio de las viviendas, que a su vez afecta al precio de los alquileres. La infame burbuja inmobiliaria ha sido posible sólo gracias a los bancos, que viendo la posibilidad de aumentar su volumen de negocio, dieron cada vez mayores préstamos contando con que los precios de las viviendas iban a seguir subiendo, y en caso de impago ganarían más con la venta del piso embargado.
El cliente se veía por lo tanto en una situación de impotencia: Bancos y constructoras apoyaban una burbuja que les proporcionaba enormes beneficios, y que suponía endeudamientos cada vez mayores para las familias.
Todo termina, y la burbuja estalló. Tras las hipotecas pasaron de 15 a 25 años, de 25 a 30, a 40, a 50. Hasta un punto en el que el siguiente paso ya era firmar en nombre de nuestros hijos. La gente dejó de comprar pisos, y las constructoras, metidas en prestamos para construir más y más pisos para conseguir más beneficios, empezaron a paralizar obras, despedir obreros y no pagar sus préstamos. Los precios de los pisos dejaron de crecer desmesuradamente y empezaron a caer, las hipotecas dadas a quien no podía pagarlas ya no se podían cubrir con la venta de los pisos embargados, y las cuentas de resultados empezaron a caer. La avaricia de los bancos provocó la crisis financiera.
Pero la historia no acabó ahí. Los gobiernos se endeudaron para salvar la economía de las consecuencias de los desmanes de los bancos, mientras que éstos cerraban el grifo de los créditos. Sin financiación, muchas empresas cerraron, y el paro aumentó, y con ello los impagos.
Ahora los bancos hacen negocio especulando contra la deuda que contrajeron los países para arreglar lo que ellos habían roto, y los gobiernos ya no hablan de refundar el capitalismo, sino de recortar pensiones, salarios, y garantías de los trabajadores.
Ahora se empieza a hablar de una segunda crisis financiera -lógico: si el paro aumenta, los salarios se estancan o bajan, y las indemnizaciones por despido bajan, a nadie le puede sorprender que repunte la morosidad-.
Las familias sufrieron la burbuja inmobiliaria, que las obligó a endeudarse a largo plazo, sufrieron el estallido de la burbuja, que dejó a muchos sin trabajo, la crisis financiera sirvió de excusa para congelaciones salariales, y luego, la “crisis de deuda” para rebajar salarios, pensiones y derechos.
Pero lo peor no es eso, lo peor es que además, tienen que cargar con las culpas, y es que ya lo dice el dicho: La culpa es de los padres…