PSOE y consecuencias del #15M

Se quejan desde el PSOE de las posibles consecuencias electorales del movimiento popular comenzado el #15M,  y continuado por las diversas “acampadas” en las plazas de las principales ciudades españolas.

Es posible que tengan razón, que este movimiento resulte finalmente en un beneficio electoral para el PP, al desviar una parte del voto progresista a IU u otras agrupaciones, resultando esto en una perdida total de escaños para la izquierda. Sin embargo, si esto sucede será culpa exclusivamente del PSOE.

Y lo será porque en su momento se negaron a cambiar un sistema electoral que no sirve para representar fielmente a la ciudadanía, lo que debería ser su principal prioridad,  sino para favorecer a las opciones más votadas, algo que siempre les ha convenido.  Si en su momento hubiesen hecho lo correcto ahora lo peor que podría causarles este movimiento es la necesidad de pactar con IU, sin embargo ahora es posible que amplifique ese giro electoral a la derecha que predicen las encuestas.

Por eso, señores del PSOE, no se atrevan a quejarse, la culpa es suya. Aprendan la lección y espabilen. Aún están a tiempo para las generales.


Fútbol y política

Escuchaba hace unos instantes a Iñaki Gabilondo -gran noticia la de su regreso- hablar de la pérdida de memoria de los aficionados del R. Madrid, ante la acutación de su equipo en el último “partido del siglo“, cuando me ha asaltado una idea que me he visto casi obligado a desarrollar aquí.

Los aficionados del R. Madrid están ciegos a los defectos de su equipo, porque han convertido su equipo en parte de su identidad, y reconocer esos fallos implicaría reconocer defectos propios. Lo mismo sucede con la política. A pesar del paro o de la corrupción, a pesar de declaraciones absurdas o de falsedades mantenidas a través de los años, la abrumadora mayoría es incapaz de desprenderse de las siglas de su partido, siquiera durante el tiempo suficiente para realizar una crítica sincera, en busca de un cambio en los comportamientos erroneos.

Esta incapacidad de admitir la realidad nos conduce a una espiral, que en el fútbol provocará que los aficionados blancos sigan sufriendo actuaciones tan conservadoras -y frustrantes- de su equipo y que todos tengamos que sufrir prácticas políticas que nos condenan al tercermundismo.

La culpa es de los padres…

Escuchaba esta mañana en La Ser a Eduardo San Martín en Hoy por Hoy, afirmar rotundamente que “el culpable de la crisis no fue Lehman Brothers, sino las familias que se endeudaron por encima de sus posibilidades”, y no he podido evitar sentirme indignado.

El argumento -imagino- es que nadie obligó a esas familias a contratar una hipoteca que no iban a poder pagar. Un argumento discutible, y que en cualquier caso se puede aplicar al banco: Nadie obligó al banco a dar una hipoteca a quien no iba a pagarla.

El importe de la hipoteca es fruto del precio de las viviendas, que a su vez afecta al precio de los alquileres. La infame burbuja inmobiliaria ha sido posible sólo gracias a los bancos, que viendo la posibilidad de aumentar su volumen de negocio, dieron cada vez mayores préstamos contando con que los precios de las viviendas iban a seguir subiendo, y en caso de impago ganarían más con la venta del piso embargado.

El cliente se veía por lo tanto en una situación de impotencia: Bancos y constructoras apoyaban una burbuja que les proporcionaba enormes beneficios, y que suponía endeudamientos cada vez mayores para las familias.

Todo termina, y la burbuja estalló. Tras las hipotecas pasaron de 15 a 25 años, de 25 a 30, a 40, a 50. Hasta un punto en el que el siguiente paso ya era firmar en nombre de nuestros hijos. La gente dejó de comprar pisos, y las constructoras, metidas en prestamos para construir más y más pisos para conseguir más beneficios, empezaron a paralizar obras, despedir obreros y no pagar sus préstamos.  Los precios de los pisos dejaron de crecer desmesuradamente y empezaron a caer, las hipotecas dadas a quien no podía pagarlas ya no se podían cubrir con la venta de los pisos embargados, y las cuentas de resultados empezaron a caer.  La avaricia de los bancos provocó la crisis financiera.

Pero la historia no acabó ahí.  Los gobiernos se endeudaron para salvar la economía de las consecuencias de los desmanes de los bancos, mientras que éstos cerraban el grifo de los créditos. Sin financiación, muchas empresas cerraron, y el paro aumentó, y con ello los impagos.

Ahora los bancos hacen negocio especulando contra la deuda que contrajeron los países para arreglar lo que ellos habían roto, y los gobiernos ya no hablan de refundar el capitalismo, sino de recortar pensiones, salarios, y garantías de los trabajadores.

Ahora se empieza a hablar de una segunda crisis financiera -lógico: si el paro aumenta, los salarios se estancan o bajan, y las indemnizaciones por despido bajan, a nadie le puede sorprender que repunte la morosidad-.

Las familias sufrieron la burbuja inmobiliaria, que las obligó a endeudarse a largo plazo, sufrieron el estallido de la burbuja, que dejó a muchos sin trabajo, la crisis financiera sirvió de excusa para congelaciones salariales, y luego, la “crisis de deuda” para rebajar salarios, pensiones y derechos.

Pero lo peor no es eso, lo peor es que  además, tienen que cargar con las culpas, y es que ya lo dice el dicho: La culpa es de los padres…

Tropezando con la misma piedra…

Una vez más Rosa Díez no ha encontrado mejor manera para insultar a sus rivales políticos que referirse a ellos como “gallego, en el sentido más peyorativo del término”. Lo hizo en su día hablando de Nuñez Feijoo y ahora lo ha repetido, primero con Zapatero, y luego reincidiendo en los tópicos con Rajoy.

Ignoro si se refiere a la quinta acepción que para este término recoge la R.A.E., utilizada en Costa Rica y que significa tonto, o si simplemente se refiere al tópico gallego de “ni sí, ni no,  ni todo lo contrario”, pero en cualquier caso sirve para ilustrar el caracter “tolerante” de esta, a falta de un calificativo más apropiado, política.

Me confieso preocupado por este efecto secundario adicional de la lamentable actuación de PP y PSOE, el crecimiento de los votantes de esta formación que más que un partido político parece un club de fans. Rosa Díez ha dado muestras de sobra de ser todo lo contrario a ese aire fresco que necesita nuestra clase política, por mucho que las encuestas la declaren la líder mejor valorada entre los políticos de ámbito nacional.

Os dejo con el video de la entrevista:

Consensos y disensos

Ayer se celebró el 12º debate sobre la crisis en el Congreso de los Diputados, donde pudimos ver, más que los planes de los partidos políticos para combatir la crisis económica, sus estrategias de cara a las siguientes elecciones.

El PSOE ha optado por buscar el acuerdo con las demás fuerzas políticas, a través de una comisión formada por la Vicepresidenta de Asuntos Económicos, Elena Salgado, Pepe Blanco en calidad de Ministro de Fomento y Miguel Sebastián como Ministro de Industria.

El PP por su parte ha preferido recurrir a sentarse a ver pasar el cadaver de su enemigo, procurando mojarse lo menos posible en temas peliagudos electoralmente como la reforma de las pensiones, o de explicitar sus propuestas de reforma laboral, sabedores que apostar por un recorte de los derechos de los trabajadores puede suponer volatizar la ventaja que ahora mismo tiene en las encuestas.

Las críticas al gobierno no se han hecho esperar, ya que no se escapa a nadie la notoria ausencia en la Comisión del Ministro de Trabajo, Celestino Corbacho,  que podría interpretarse como una negativa de base del gobierno a hablar de la tan cacareada reforma laboral. También hay quien critica la ausencia de representación de otros ministerios, como Vivienda o Innovación.

¿Y qué supone esto para nuestro futuro? Pues nada bueno. Como buena parte de los medios cercanos a la derecha han recordado, hay un viejo dicho que reza que “si quieres que un problema no se solucione, crea una comisión”, y los dos meses que se ha dado de plazo el gobierno para alcanzar esos acuerdos parecen una eternidad para quien ve agotarse su prestación por desempleo y sus ahorros y tiene que hacer frente al pago de su hipoteca o alquiler, y sigue sin encontrar un trabajo.

Con este panorama sólo una mejora global de la situación económica nos ayudaría a volver a crear empleo, una mejora que parecía cercana, pero que los resultados del último trimestre de economías tan potentes como la británica o la alemana han puesto en entredicho.

España necesita un cambio, pero no sólo de modelo productivo. También necesitamos una casta política que esté a la altura, y que se capaz de pensar en algo más que en sus futuros resultados electorales. Necesitamos en definitiva,  aire fresco. Un airte que no consigue colarse por las rendijas de  un sistema electoral que provoca el bipartidismo, y del que tendremos que hablar en un futuro.

Moderación salarial, competitividad y otros mitos

Es todo un clásico cuando la economía va bien -ya sabéis, cuando vamos a la  “champion lig”- que desde la CEOE se recomiende “cautela y moderación salarial”. Cuando la economía va mal -desaceleraciónes, crisis financeras, burbujas inmobiliarias y demás- la CEOE nos recomienda otra dosis de su medicina favorita: La moderación salarial.

¿He aquí la panacea de la economía española? ¿El remedio contra todos nuestros males? Permitidme dudarlo. Dicen que cuando tienes un martillo en la mano, todos los problemas te parecen clavos, y parece que cuando tienes una empresa -con honrosas excepciones- todas las situaciones se solucionan reduciendo costes por el lado fácil: los trabajadores.

Permitidme una obviedad: Los beneficios de una empresa son el resultado de restar a los ingresos que ésta obtiene, los gastos que genera. Estos gastos, provienen de multitud de partidas: Instalaciones, equipos, logística, pagos a proveedores, y por supuesto los gastos de personal.  Me resulta difícil entender que sean estos últimos la clave de nuestra alta tasa de desempleo.

Si la razón de nuestra situación fuesen nuestros elevados salarios, países con salarios aún mayores tendrían versiones aún más graves del mismo problema, y claramente no es así: franceses o alemanes disfrutan de salarios más generosos, y sus tasas de desempleo son menos de la mitad de la española. ¿Cómo encaja esto con nuestra panacea?  En mi opinión no la deja en un buen lugar.

¿Qué puedo decir? Si de verdad queremos que nos inviten al G20 más nos vale abandonar la idea de que nuestra ventaja competitiva son los salarios bajos -armas tradicionales de paises menos desarrollados- y apostar por los modelos que sirven a quienes van mejor que nosotros. No es tan fácil de aplicar, pero precisamente por eso, quizá funcione.